Autopsia del fracaso de la «contra reforma eléctrica» del socialista AMLO: Contrarreforma Bartlett: la invitación a especular

Antes que nada, hay que aclarar que existen subastas de mediano y largo plazo que establecen contratos con costos fijos y que así evitan que el pequeño usuario esté expuesto a la volatilidad del mercado eléctrico. Pero la otra parte es la naturaleza misma del mercado eléctrico, que no es como sus detractores dicen que es.

El despacho económico de energía en México considera sólo los costos de generación de energía eléctrica. Esto significa que la máquina que genera electricidad ya está ahí, pero hacerla generar tiene costos —por ejemplo: la compra de combustibles— y esos costos son los que tienen que presentar los generadores de energía eléctrica. Basado en estos costos presentados, el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) ordena a los generadores y recibe energía primero de los más baratos, luego de los medianos y finalmente de los más caros hasta satisfacer la demanda del sistema. Al final, todos los generadores que generan y entregan la energía al mismo tiempo reciben el pago del generador más caro que genere en ese mismo momento.

¿Qué dice la contrarreforma propuesta por el presidente Andrés Manuel López Obrador? Que se hará un despacho económico también, pero con dos cambios: primero, no se tomará en cuenta el costo de generación, sino el costo total, que incluye, por ejemplo, el costo de las máquinas con las que se genera energía; segundo, los que entreguen energía sólo recibirán como pago el costo total que ofertaron.

¿Quién gana ahí? Quien tiene mayor poder e información de mercado y por lo tanto puede especular. O sea: las empresas grandes. En el despacho económico por costos de generación puede ganar cualquier empresa, grande o pequeña, que logre ser suficientemente eficiente, aunque no tenga información o capacidad de especulación. Es un mercado menos oligopólico, a diferencia de lo que presenta el presidente, que fomenta oligopolios.

La reforma propuesta obviamente no promueve la instalación de centrales nuevas, pues eso puede incrementar los costos totales y bajar las ganancias. La iniciativa promueve el uso de maquinaria vieja, que ya está pagada y que, de la mano con especulación adecuada, maximiza las ganancias. De nuevo, ¿quién gana? Empresas con capacidad de generación vieja, ya pagada, que puede especular con información de mercado. ¿Quién pierde? El sistema, al no tener incentivos para modernizarse. Pero además el usuario final, quien tampoco tiene un sistema que incentive un sistema eléctrico más barato, moderno ni eficiente.

¿Por qué entonces mandó el presidente una iniciativa así? Es fácil: porque quiere “apoyar» a la CFE. No busca modernizar a la empresa estatal ni favorecer al ciudadano, sino beneficiar a la CFE tal como existe hoy. La innovación y la renovación quedan en segundo plano, pues no son útiles para el objetivo de la reforma: tener una CFE todopoderosa. ¿O creía usted que la reforma era para beneficiar al ciudadano?

 

Fuente:

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía